miércoles, 21 de junio de 2017

"La vaga ambición" de Antonio Ortuño

El escritor mexicano consigue el V premio Ribera del Duero con este libro de relatos en el que reflexiona sobre el arte de escribir




La vaga ambición (Editorial Páginas de Espuma) parece, a priori, un conjunto de relatos de carácter autobiográfico en el que Antonio Ortuño nos cuenta las vicisitudes de Murray, un escritor que subsiste como puede. No se dejen engañar. La vaga ambición es, en realidad, una historia de amor entre un hombre y la literatura. Charles Buckowski decía, en uno de sus más célebres poemas sobre la escritura, que no valía la pena escribir si no se sentía como un fuego que quemaba las entrañas.

Esto es a lo que aspira Murray, a poder escribir de forma digna para ganarse la vida. Pero frente a sus aspiraciones se alza un mercado editorial siempre voraz que amenaza con devorar su obra sin que ni siquiera se dé a conocer.
Acuciado por las deudas, probará entonces la literatura más comercial, aquella que no se refleja en los libros sino en la televisión. Y ganará mucho dinero, pero tal vez no salga indemne del proceso.

El libro es también un espejo distorsionado del mundo de la escritura. Sin embargo, como cualquier caricatura que se precie, también esconde un poso de verdad. Las puñaladas traperas entre escritores, la necesidad de recurrir a los contactos, el hecho de que en el mundo literario se valoren (irónicamente) otros factores que tienen más que ver con las relaciones públicas que con el hecho de escribir son constantes en este mundo.

Y lo fácil sería aconsejarle que se dedicara a otra cosa, como intenta hacer su primo al principio del libro. Pero cuando se siente esta llamada que te vuelve loco si no la obedeces, cualquier otro empleo no sirve. Siempre se acaba escribiendo, aunque sea en la pobreza o a la luz de una vela.

Destaca además la belleza del lenguaje, lleno de lirismo y de violencia, sobre todo los dos primeros capítulos. Pero luego evoluciona para tomar un cariz sarcástico con el que obtiene desde el primer momento la complicidad plena del lector. Y más si el lector conoce de primera mano el mundo de las letras, donde se reconocerá sin duda y reconocerá a otros que comparten este oficio, el oficio del hambre, la vaga ambición.

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